El rumbo de la política exterior.
Las diferentes corrientes dentro de la escuela liberal reflejan sus puntos de vista específicos acerca de la política exterior que debe seguir Rusia. En general, no existe acuerdo, sobre el núcleo duro subyacente en el proyecto de la política exterior que tiene que adoptar Rusia.
Sin embargo, se puede encontrar algunas tendencias comunes en cuanto a la apreciación de la política exterior rusa deseada, por parte de la comunidad liberal. Ésta puede ser resumida en palabras de Pototsky: “Rusia debe dejar de lado sus ambiciones de superpotencia y reconocer ciertas limitaciones. Si Rusia no va llevar una política de acercamiento estratégico con la OTAN, con la Unión Europea o con Occidente en general, basada sobre los valores occidentales, la espera marginalidad internacional.”
Teniendo en cuenta este pensamiento, si el primer periodo de la política exterior de la década del 90, se caracterizó por buscar un socio/aliado en Estados Unidos, la mayoría de los liberales actualmente sostienen la necesidad de estrechar los lazos cooperativos con la Unión Europea. Otros, por su parte, consideran que no existen tal elección entre Estados Unidos y la Unión Europea, sino como los sostiene I. Kliamkin, “lo que existe es en realidad la elección entre Occidente vs. La política pragmática. Siempre la elección de la última representa un punto muerto en el futuro de Rusia.”
V. Sheynis, refuerza este punto de vista sosteniendo que “Rusia en sus raíces es un país judío –cristiano, ubicado dentro de la civilización europea, aunque con particulares características.” Otros liberales, prefieren hablar solamente de las bases cristianas y otros prefieren limitarse en su análisis a factores geográficos, históricos y culturales como vínculos de pertenencia con Europa Occidental.
La corriente Internacionalista, en respuestas a los anteriores posturas, y más que nada en respuesta a los Universalistas – cuyos representantes sugieren que Rusia se desprenda de su identidad como un país euroasiático y tome distancia de los países de Asia-, señala que la mayor parte del territorio de Rusia se encuentra en Asia, donde vienen un elevado número de habitantes, por consiguiente Rusia debería diversificar la agenda de la política exterior e incluir necesariamente los vínculos con los países asiáticos.
En general, todas las corrientes liberales, a excepción de los Internacionalistas y los Utopistas, sugieren que es mejor que Rusia no establezca vínculos con los países asiáticos. Para justificar su postura se basan en dos argumentos: En primer lugar, teniendo en cuenta el potencial económico y demográfico de China, Rusia solo podría convertirse en su socio menor. En segundo lugar, la colaboración o cualquier otro vínculo con los países considerados parias del sistema internacional, como Irán, Corea del Norte o Venezuela, puede ser tomado en cuenta por parte de Estados Unidos como una actitud desafiante.
La estrategia principal para Rusia en su política exterior, en resumidas cuentas para los liberales debe consistir en distanciamiento de los países Asiáticos y buscar integrarse en las estructuras políticas y militares de Europa. Si Rusia ha de ocupar un lugar de Socio Menor, es conveniente que lo sea con los países de Europa, que con los países de Asia.
Sin embargo, tanto los liberales como los realistas reconocen que por parte de Occidente no existe un nivel de cooperación deseado por Rusia. Por lo que, los liberales se preguntan, hasta qué punto Rusia debería construir la sociedad con Occidente en cuestiones tales como la seguridad? La respuesta no es fácil, más aun si toca un tema tan complicado como ceder parte de la soberanía. Por ejemplo, E. Iasin considera que “es conveniente ceder parte de la soberanía a las corporaciones trasnacionales y las organizaciones internacionales.” Los representantes de la corriente Universalista en cambio consideran como reza V. Kliamkin “la trasferencia de la soberanía a las Organizaciones Internacionales hoy en día tiene lugar solo en Europa, y Rusia no puede llevarlo a cabo por la falta de desarrollo de las instituciones gubernamentales lo que constituye una fuerte limitante en el proceso de integración con las instituciones europeas.” Otros como Biugin consideran que el proceso no contradice la lógica de desarrollo y fortalecimiento de las instituciones gubernamentales.
“La política exterior que fue llevada a cabo por Putin después del 11 de septiembre de 2001, recibió notable aprobación por parte de la escuela liberal, pese a considerarla insuficiente consecuente, ya que Rusia mantenía las relaciones con los rouge states, y por las aspiraciones por lo menos a nivel discursivo de convertirse en una superpotencia, ver el orden internacional a través de la multiplaridad, mantener las relaciones y el juego independiente con los países de la región de Asia Pacifico y llevar una posición adversa con respecto a las políticas de los Estados Unidos. Sin embargo el objeto concreto de las críticas de los liberales se dirige a no vincular los objetivos de la política exterior con la del interior. Es así como Sheynis opinó con respecto a la cuestión: “(…) Desvinculamiento de la política exterior que supuestamente estaría orientada en lograr la integración del país dentro de la comunidad de los países democráticos y la política interior es bien clara. “El gobierno democrático” pone en jaque los intereses nacionales y la posición de Rusia en el contexto internacional.”